Ha llegado el día que me empujó hace casi tres años a iniciar este blog.

El 13 de enero de 1919, hace exactamente 100 años, nacía en Kotor, a orillas de una de las bahías más bellas del Adriático, Luka Brajnović, mi padre. Entonces, ninguno de los que le rodeaban podía imaginar de que ese pequeño niño croata acabaría siendo maestro de más de treinta generaciones de periodistas españoles. La Segunda Guerra Mundial y la penosa historia de media Europa en los años que siguieron, le trajeron aquí.

Periodista hasta la médula, ejerció su profesión durante la guerra en Croacia, refugiado en Italia, exiliado en Madrid y después, ya instalado en Pamplona mantuvo durante más de 28 años la columna «Boletín del Extranjero» sobre política internacional en Diario de Navarra.

Escritor y poeta, escribió varias novelas en croata y llegó a escribir poesía en croata y en castellano. 

Pero para mí sobre todo fue un padre extraordinario que llenó de alegría mi vida a pesar de todo lo que tuvo que sufrir en la suya.

Cuando yo nací acababa de superar los cuarenta años. Unos cuarenta años muy trabajados por la dureza de su historia. Pero lo que le tocó vivir no le endureció el carácter. Le recuerdo preocupándose de mis cosas de niña con toda la atención del mundo. Se leía mis primeros y torpes versos con orgullo, como si fueran auténticas obras de arte. Una vez desenmarcó uno de sus óleos (si, además de escribir también pintaba) para colgar en un lugar destacado de la casa un ingenuo bodegón que había trazado yo con la pobre destreza de una niña de siete años. Me escuchaba sin impacientarse, también en mis años de estudiante en la Universidad y me quería. Sobre todo me quería mucho. Estoy segura de que todos mis hermanos podrán decir lo mismo.  

Los días de mucha fiesta, nos despertaba con música y después cuando nos reuníamos, cantábamos todos juntos. Por eso hoy, cuando los recuerdos, que a veces son traicioneros, me quieran dejar en el corazón la espina de la ausencia, yo volveré a cantar por mis adentros las viejas canciones y a buscar la alegría en su sonrisa.