Sigo repasando el libro de Deontología Periodística de mi padre, Luka Brajnović y me encuentro con este pasaje que puede aplicarse muy bien a lo que está pasando hoy en día en algunos lugares del mundo.

Hay personas que no son capaces de juzgar los fenómenos sociales fuera de sus “verdades” particulares y acostumbran a adaptar cualquier tipo de información a su gusto. Con ello modifican la verdad, sin preocuparse de la inexactitud  de las noticias que divulgan o emiten. No las falsean por completo, sino que las reconstruyen según sus necesidades propias y según su capacidad intelectual.

Este defecto se refleja necesariamente en la conducta ética que conduce a un juicio equivocado y que crea una visión deformada. Esta “verdad” particular y estrecha, bloqueada por los caprichos personales, por el fanatismo o la egolatría, es evidentemente dañosa y por tanto inmoral.

Suele ocurrir en estos casos que los que se escandalizan por las faltas de los demás -sin ver estas mismas faltas en la propia conducta- adoptan la postura de jueces o maestros severos e injustos. Donde falta la generosidad es muy probable que falte la justicia, y donde no se intenta llegar a una objetividad posible es seguro que se pone en peligro la exactitud.

¡Cuánta confusión social se produce a causa de una “ética” hecha a medida de uno mismo o solo para los demás a base de prejuicios personales y de antipatías activas! Muchas veces, los oportunistas, los egocéntricos, los serviles, tienen la boca llena de lemas y de frases sobre la humanidad, la justicia, el bien común, la libertad, unas veces porque todos estos temas están “bien vistos”, y otras porque de esta manera protegen la realidad opuesta que guía y alimenta su propio comportamiento, su hipocresía.

Este hecho, por desgracia, no tan aislado, es comparable con la plutocracia demagógica que necesitaba una creación estatal para entrar en la Historia de las guerras, sirviéndose de los “ideales humanitarios” y falsificando la voluntad del pueblo. Es notorio que la envidia, el odio y la venganza son fuentes de inspiración de los delitos sociales. En la inexactitud intencional se encuentran bastantes de estos elementos.

Photo by camilo jimenez on Unsplash

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