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Este premio refuerza mi convicción de que la ética lo es todo en el periodismo

Son palabras de Marc Marginedas, Premio Brajnović de la Comunicación 2019. el primero otorgado tras una fase de presentación de propuestas por parte de los antiguos alumnos da la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.  Y el premio Brajnović que jalonará las celebraciones del centenario del periodista, escritor y profesor que le da nombre: el croata afincado en España Luka Brajnović .

—¿Qué significa para usted la concesión del premio Brajnović de la Comunicación en este año 2019?

Es el premio que más ilusión me ha hecho de todos los que he recibido, sobre todo por lo inesperado de su concesión. En mi vida profesional he recibido numerosos galardones de periodismo, pero la mayoría de ellos fueron otorgados tras el secuestro que sufrí en manos de Estado Islámico hace cinco años. Era una coyuntura y un momento emocional muy concreto, y siempre me quedé con la incógnita de qué habría sucedido si no me llegan a capturar jamás, si esos premios hubieran llegado a mí o hubieran sido entregados a otros reporteros.

Yo no me suelo presentar a convocatorias de premios. Por eso, el día que recibí la llamada telefónica de Charo Sádaba, me hizo tanta ilusión. Habían sido los alumnos quienes han propuesto la lista de candidatos, y el veredicto del jurado se adoptó sin que yo supiera nada. Solo me lo comunicaron una vez la decisión ya había sido tomada. Aquel día fue como si me cayera un regalo del cielo. 

—Este es un galardón que premia trayectorias profesionales que destacan por su compromiso ético y en su mayoría se lo han llevado personas entradas en años que lo han demostrado con un largo recorrido en sus respectivos campos. Usted serás uno de los premiados más jóvenes y está en pleno fragor del trabajo periodístico ¿le hace verlo de forma especial?

Por un lado me hace sentirme muy halagado, aunque por otro también soy consciente de la responsabilidad que conlleva que mi nombre esté vinculado al del profesor Brajnovic. Sé que soy un periodista relativamente joven, que aún tiene por delante bastantes años de carrera. Este premio refuerza mi convicción de que la ética lo es todo en el periodismo y me empuja a profundizar en los aspectos deontólogicos de esta profesión en los años que me quedan hasta la jubilación. Los periodistas no solo comunicamos o transmitimos datos. Estamos empoderando a la sociedad para que resista las tentativas de manipulación de los poderes políticos, siempre presentes, sean del signo ideológico que sean, y tomen sus decisiones de forma más libre. Y esta labor hay que hacerla sin causar daños, midiendo el posible impacto de las informaciones que transmites. En fin, ¡todo un reto!

—¿Cuáles son los principales retos éticos de un corresponsal con un trabajo como el suyo?

Como corresponsal de guerra y como corresponsal en Rusia, yo creo que uno de los retos al que me he enfrentado son los apriorismos ideológicos y las noticias falsas que distorsionan la capacidad de analizar los acontecimientos. Durante la guerra de Irak, las cosas fueron muy fáciles, dado el rechazo unánime que suscitaba en la sociedad española la intervención militar norteamericana. Los aparatos estatales de propaganda en EEUU y Gran Bretaña se movieron de forma muy burda y sus tentativas de desinformación eran fácilmente desmontables por la prensa desplazada sobre el terreno. 

En Siria y Rusia, en cambio, todo es infinitamente más complicado. Ambos regimenes han logrado granjearse simpatías en importantes sectores de la opinión pública en Occidente apelando a valores ideológicos tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda, al tiempo que han logrado expandir una densa cortina de humo sobre sus acciones gracias a las nuevas tecnologías y a sofisticados procesos de desinformación. Moscú y Damasco han puesto en circulación tantas versiones sobre un mismo acontecimiento, que el lector acaba llegando a la conclusión de que es imposible conocer la verdad, fomentando la desmovilización ciudadana, que es exactamente lo que quieren provocar. Un ejemplo muy claro lo constituyen los ataques con armas químicos en Siria. Pese a que una y otra vez las investigaciones internacionales concluyen que los responsables de ello son en su abrumadora mayoría el régimen de Asad apoyado por su protector, Rusia, si uno pregunta en una calle de una ciudad española quien está detrás de esos bombardeos, la gente se encoge de hombros y dice que no lo sabe. Es una monstruosa y efectiva forma de cinismo, que solo puede combatirse con principios como los que nos enseñó don Luka en la universidad. 

—Después de todo lo que ha pasado por sacar adelante la información para sus lectores (el secuestro, las incomprensiones) ¿Piensa que ha merecido la pena? Deduzco que si porque sigue trabajando ¿Qué le empuja a seguir en la brecha?

No solo vale la pena, sino que después del secuestro, considero más inimaginable que nunca dedicarme a otra cosa que no sea el periodismo. Precisamente, mientras estuve cautivo, pude ver y percibir muchas cosas que requieren ser investigadas para quizás algún día poder ser reveladas, y en eso estoy. Venir a Rusia, además, no fue una solución de descarte, dada la imposibilidad de que siguiera trabajando en Oriente Próximo tras el secuestro. Fue algo meditado y ponderado, que me permitía mantenerme en el mismo ámbito informativo en el que había trabajado hasta ese momento. Al fin y al cabo, la guerra de Siria no es más que una de las manifestaciones de un crítico momento histórico mundial marcado por el auge de los extremismos y los autoritarismos, la crisis de la democracia liberal y el resurgimiento de Rusia como actor global. Y una prueba de ello es el empeño que ha puesto el Kremlin para proteger a su aliado.

—¿Algún recuerdo especial de don Luka?

Don Luka me dio Literatura en segundo curso de carrera, y recuerdo sobre todo el día en que nos explicó la obra ‘Ulises’, del irlandés James Joyce. Lo hizo sin dejarse llevar por sus apriorismos personales, reconociendo el enorme talento del escritor irlandés pese a que muy probablemente, se trataba de una obra que en algunos pasajes hería y contradecía sus creencias. Y de eso se trata el periodismo.

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