“Una odisea de amor y guerra” es el libro que Olga Brajnovic acaba de publicar y que recoge la historia de su padre, el profesor Don Luka, al que tanto le debemos una larga lista de periodistas que pasamos por sus aulas en la Universidad de Navarra. Yo fui uno de ellos y como otros muchos mantenemos vivo el recuerdo amable de sus clases de Ética y Deontología, Literatura Universal o Tecnología de la Información en las aulas del edificio central y las charlas en el Faustino.

Olga, además, ha sido compañera de la promoción del 81 y en el Diario de Navarra compartimos muchas tardes en la redacción de Cordovilla hasta que me decanté por el periodismo audiovisual que me ha llevado por medio país hasta recalar en tierras del sur. A pesar de la distancia siempre he mantenido el contacto con los compañeros de Pamplona, y sentí -por ello- la muerte de su padre y el no poder acudir a los distintos homenajes y reconocimientos que merecidamente se le tributan, especialmente los Premios que llevan su nombre “a personas del mundo de la comunicación comprometidas con la defensa de los derechos humanos y la dignidad de la persona”.

Pero lo que quiero destacar de Don Luka es el vivo recuerdo que ha dejado en todos los que le conocimos en aquellas aulas y que a pesar de los años (cerca ya de cuarenta) nos sigue trayendo a la memoria su gran ejemplo de bondad. Mi experiencia actual como profesor universitario en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga me ha reforzado ese sentimiento de gratitud por aquellas clases que recibimos, con el convencimiento de que lo mejor que se puede guardar de un profesor universitario es esa lección magistral diaria de comprensión y buena persona que desprendía. Solo aspiro como docente a que mis alumnos de ahora guarden de mí, al menos, una parte del gran recuerdo que yo mantengo de la bondad infinita que él supo compartir.

Los tiempos han cambiado y los alumnos -por supuesto- también, pero el espíritu de generosidad que emanaba don Luka ha sido siempre un ejemplo que intento trasladar a las nuevas generaciones de futuros periodistas que pasan ahora por mis aulas. Solo se puede ser buen periodista si eres buena persona. Y todavía mejor para llegar a ser un buen docente universitario. El listón nos lo puso muy alto y solo me conformo con que algún alumno -en algún momento- tenga el mismo recuerdo de mí que el que mantengo de Don Luka después de tantos años.

JUAN TOMÄS LUENGO

Pofesor de periodismo y doctor en Comunicación por la Universidad de Málaga. Ha sido director de varias emisoras de radio de Onda Cero, Cope y SER